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Científicos cuestionan las teorías sobre cómo se formó la Tierra

(16/08/2017)

La composición actual de azufre y zinc del planeta indica que en su formación tuvo un papel más importante un tipo distinto de ladrillo básico: las condritas ricas en hierro.

Pocos millones de años después de su nacimiento, el Sistema Solar estaba compuesto por una estrella rodeada por un disco de gas y polvo. La gravedad, la radiacion solar y las colisiones favorecieron que en la parte más próxima a la estrella, el polvo se agregara y formara pequeños fragmentos de rocas, llamados planetesimales, que luego chocaron entre sí y se agregaron en forma de planetoides. En medio de una colosal y caótica carambola, estos a su vez generaron protoplanetas. A continuación, las colisiones y la radiactividad propia de ciertos átomos generaron tanto calor que fundieron las rocas de estos embriones de planetas. Esto favoreció la aparición de ciertos elementos, influyó en que los átomos más pesados viajasen hacia el núcleo y llevó a que la corteza exterior de los planetas rocosos no apareciera hasta millones de años después, cuando estas masas de materia se enfriaron lo suficiente.

Unos experimentos presentados recientemente en la conferencia de geoquímica de Goldschmidt, en París, han mostrado que las teorías que explican cómo se formó la Tierra, en medio de ese caos del Sistema Solar primigenio, podrían ser erróneas. Después de simular ciertas condiciones de la Tierra recién nacida, han concluido que los ladrillos básicos con los que se construyó pudieron ser diferentes a como se ha mantenido hasta ahora. Según sus resultados, hace unos 4.000 millones de años había una gran cantidad de zinc y azufre en el núcleo de la Tierra, al contrario de lo que otros científicos habían sostenido.

Los investigadores, del Instituto de Física del Globo de París (Francia) fundieron mezclas ricas en hierro y silicatos similares a los que se cree que estaban presentes durante el nacimiento del planeta. Para ello, llegaron a temperaturas de 3.800 grados centígrados y presiones de casi 790.000 atmósferas, y entonces midieron cómo los elementos se separaron y distribuyeron.

Al combinar sus experimentos con modelos sobre la formación de la Tierra, observaron que las simulaciones no podían explicar la relación de azufre (S) y zinc (Zn) que hay en la Tierra actual, concretamente en la capa del manto. Esto implicaría también que las actuales estimaciones sobre la composición del planeta deberían ser modificadas.

Condritas: los ladrillos de la Tierra

«Decidimos comprobar si la proporción de zinc y azufre de la Tierra primigenia sería la misma a la actual simulando la contribución que tendrían distintas fuentes para ese material», ha explicado Brandon Mahan, uno de los autores de la investigación. Esas fuentes estarían representadas por las condritas, meteoritos encontrados en la Tierra y que reflejarían la composición de los ladrillos que formaron el Sistema Solar.

¿Qué averiguaron sobre estas fuentes de material para el planeta? «Descubrimos que bajo las condiciones que ocurrieron durante la formación de la Tierra, el zinc tiene tendencia a distribuirse en el manto y el núcleo de una forma diferente a como se piensa ahora. Esto implicaría que ahora habría una gran cantidad de zinc y azufre en el núcleo», ha proseguido Mahan. Cosa que no apoyan las observaciones actuales.

Por eso, para justificar que no haya tanta presencia de zinc y azufre, la única opción que han encontrado los investigadores es que la Tierra no se formó a partir de los ladrillos básicos considerados hasta ahora.

«La mayoría de las teorías se basan en que la Tierra se formó a partir de dos tipos de meteoritos rocosos: las condritas carbonáceas de tipo ivuna(«condritas CI», ricas en filosilicatos y magnetita) y las condritas de enstatita», ha recordado Brandon Mahan. «Sin embargo, este trabajo indica que la Tierra actual se formó a partir de una fuente más pobre en azufre que estas. Según los datos geoquímicos, el mejor candidato para haber generado esta composición son las condritas con alta composición de hierro («condritas CH», ricas en pirosexeno, olivino y metales)».

Esto permitiría que las teorías sobre la formación de la Tierra fueran más coherentes con la composición del planeta estimada hoy en día.



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